Chuang Tse soñó que era una mariposa.
Cuando despertó ya no le era posible saber
si era Chuang Tse que había soñado ser una mariposa,
o era una mariposa que ahora soñaba ser Chuang Tse.
Ha salido el sol. La arena está caliente otra vez. Algo dentro me dice que todo gira como debe.
Noto una presencia en la distancia. ¿Suena tonto, eh?. El hilo de plata invisible que sale del punzón de mi pecho. Creo que es como los teléfonos de niños, hechos con envases de yogur e hilo. Ese hilo de plata me une al mundo más allá del mar. Me une con mi pasado o con mi futuro.
O con ambos.
No es fácil respirar cuando cada bocanada arrastra un océano.
Pero aprenderé.