Quizá debería comer más. La piel se aprieta contra mis huesos día a día.
Sin embargo, eso me hace sentir bien. Me hace sentir un poco más yo. Más cerca de aquel yo que perdí el día del naufragio.
A veces pienso en el reposo. Pienso tumbarme suavemente en la arena. Respirar. Y no volver a hacer nada. Dejarme morir poco a poco. En silencio. Hundirme en la arena de la playa primero, descomponiéndome, y lentamente, después, ir siendo arrastrado por el mar. Ese mar que me encierra. Que me separa de mí. Quien sabe si todos los minúsculos trozos, no podrían atravesar el océano, y unirse al otro lado.
En el lado donde sé quien soy.