Es un sabor amargo, como de almendras verdes, que nace en el fondo de la boca, a ambos lados de la lengua.
Después baja por el cuello, hacia los hombros.
Luego, desciende como fuego por las venas de los brazos, atraviesa las muñecas hasta llenar los dedos dejándolos dormidos.
A veces lo llamo amor.
A veces miedo y miseria.
A veces lo llamo muerte.
Pero siempre, siempre lo llamo.