Archivo de Diciembre de 2009

Día 212

Miércoles, 30 de Diciembre de 2009

Con los ojos

primero

con la sangre después

los puentes del alma

las columnas de piel

la saliva el jadeo el susurro la miel

la batalla

suave

la caricia, la sed

y morir derramado

en tu flor de mujer

Día 209

Domingo, 27 de Diciembre de 2009

A veces divago

a veces

volutas grises de pensamiento inútil

me rondan

escenas de dimes y diretes

de ventes y vetes

y todo queda limpio

en segundos

por el tsunami puro

de agua cristalina

de tu coño rosa

Día 198

Miércoles, 16 de Diciembre de 2009

Todo es tan… extraño. Aunque en el fondo yo ya lo sabía. Recuerdo cuando me parecía estar en una isla desierta. Recuerdo el horizonte, inalcanzable. La arena ardiente. La selva amenazadora.
Ahora el horizonte ante mí es una radiante e impecable postal. El hermoso sol sonriéndome como siempre.
Girarme y verte ahí tumbada, con los pechos desnudos acariciados por la brisa, la vegetación detrás, las montañas, la realidad…
Me miras y frunces el ceño. Sé que piensas que en qué estaré pensando con esta sonrisa torcida. Basta con mirarte una décima de segundo fijamente a los ojos para que sepas que todo va bien, que es uno de esos pensamientos maravillosos, con los que fabricamos la magia, con los que encendemos estrellas.
Miras de nuevo la revista, pero yo puedo leerte. Puedo verte abierta y mirar dentro. Sé que piensas en cómo llegó esto. Cuándo aprendimos a volar. Cuando todo giró y caímos dentro del cuento. Cuándo fue que los conejos blancos empezaron a hablar, cuando empezó a caer polvo de hadas de tu piel al sacudirte, cuando me convertí en el Fauno, en Pan, en el bosque.
Pero ¡zas! te cerraste. No puedo leerte. Me miras otra vez y la sonrisa cruza tu rostro entero. Los párpados se aprietan levemente y con los ojos me dices ¡eh! recuerda que el pasado ya no existe, a mi se me estaba olvidando.
Una ceja desciende, muy despacio, muy despacio, pero la mirada sigue clavada en mí.
Sé lo que quieres ahora.

Vamos a jugar

Dí­a 184

Miércoles, 2 de Diciembre de 2009

Hace dí­as que no duermes en mi cama

por eso algunas mañanas

me despierta, desde bajo la almohada

la manga de tu pijama

acariciando mi oreja

susurrándome en la cara

“que ganas de levantarme

una de estas mañanas

contigo desnudo y violento

arrancándome de la piel para arrojarme a la entrada

y observar vuestros juegos de adultos

de lejos acurrucada”