Día 198

16 de Diciembre de 2009

Todo es tan… extraño. Aunque en el fondo yo ya lo sabía. Recuerdo cuando me parecía estar en una isla desierta. Recuerdo el horizonte, inalcanzable. La arena ardiente. La selva amenazadora.
Ahora el horizonte ante mí es una radiante e impecable postal. El hermoso sol sonriéndome como siempre.
Girarme y verte ahí tumbada, con los pechos desnudos acariciados por la brisa, la vegetación detrás, las montañas, la realidad…
Me miras y frunces el ceño. Sé que piensas que en qué estaré pensando con esta sonrisa torcida. Basta con mirarte una décima de segundo fijamente a los ojos para que sepas que todo va bien, que es uno de esos pensamientos maravillosos, con los que fabricamos la magia, con los que encendemos estrellas.
Miras de nuevo la revista, pero yo puedo leerte. Puedo verte abierta y mirar dentro. Sé que piensas en cómo llegó esto. Cuándo aprendimos a volar. Cuando todo giró y caímos dentro del cuento. Cuándo fue que los conejos blancos empezaron a hablar, cuando empezó a caer polvo de hadas de tu piel al sacudirte, cuando me convertí en el Fauno, en Pan, en el bosque.
Pero ¡zas! te cerraste. No puedo leerte. Me miras otra vez y la sonrisa cruza tu rostro entero. Los párpados se aprietan levemente y con los ojos me dices ¡eh! recuerda que el pasado ya no existe, a mi se me estaba olvidando.
Una ceja desciende, muy despacio, muy despacio, pero la mirada sigue clavada en mí.
Sé lo que quieres ahora.

Vamos a jugar

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