He dejado las puertas abiertas.
Las ventanas también.
Ya no hay nada que ocultar.
No hay nada, ya, que temer.
Que pase quien quiera y mire.
Que comparta, si le apetece, un té.
Que coja lo que quiera, si quiere.
Que deje cuanto no desee.
Mi casa ya no ha de ser casa.
Ahora es puente, río y burdel.
El solar de un nuevo templo.
Y habita un dios gato en él.